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PS Carlos Ferreira

La Biblia habla de muchas herencias, algunas muy buenas y otras no tan buenas. Sea que te empeñes o no en construirla, siempre vas a dejar una herencia en tu paso por la vida. En muchas ocasiones he tenido que orar por niños con enfermedades hereditarias. Es algo muy triste y hasta parece injusto. Sin embargo, hay muchos padecimientos que se heredan. La diabetes, las afecciones cardíacas y algunos tipos de cáncer son ejemplos tangibles. De hecho, las adicciones como el alcoholismo y la tendencia a ser fumador también tienen algunos elementos hereditarios. Si bien es cierto que deseamos que nuestros hijos sean como nosotros, es seguro que nadie quiere heredarles enfermedades ni desgracias. Sin embargo, las decisiones que tomamos tienen un gran impacto en esto, y no mucha gente pelea, lucha y se esfuerza por romper con esas maldiciones.

Construir un futuro prometedor para tus hijos requiere esfuerzo e intención. Aunque hoy día estés soltero(a) y aún no pienses en casarte y tener hijos, desde ahora puedes definir e iniciar la herencia que deseas legar a tus futuras generaciones. Dios quiere bendecir la historia de tu familia desde ahora y hasta siempre. Él puso su mirada en ti. Te escogió para marcar un futuro diferente en tu descendencia. Quiere lavarte con su sangre, transformarte y romper cualquier cadena de maldición familiar pues ve en ti a alguien que le ama y obedece. El futuro que legamos en herencia depende de nuestras prácticas y actitudes. Y para decirte la verdad, no quiero que mis hijos me reclamen que su desdicha es el resultado de mis antiguas costumbres. No olvides que Dios te ama tanto y tanto, que aún a pesar de ti, Él anhela darte una herencia de bendición.

La Biblia nos enseña que vivir en desacuerdo con los mandamientos divinos nos maldice hasta la tercera y cuarta generación. Y, por supuesto, lo contrario también es cierto: cumplir los mandamientos bíblicos nos libra de la maldición. Sin embargo, quiero que sepas algo más... puedes ir más allá y provocar a Dios con tu obediencia. Es posible sacar de los labios de tu Creador las palabras que tengan el poder de asegurar un futuro para tu descendencia. Y cuando esto ocurre y ves a tus hijos luchar por alcanzar las promesas divinas, tienes la certeza de que van a vencer pues tú les has heredado bien. ¡La bendición de un Isaac necesita la obediencia de un Abraham!

Herencia de santidad Si eres padre o madre, estoy seguro que no te importaría dar la vida por tus hijos, y eso precisamente fue lo que Dios hizo por nosotros. Y a la par con este maravilloso sacrificio también hay unas promesas infinitas: Él limpia cualquier pecado, te da vida eterna y establece su reino en tu hogar. Las decisiones que tomas le aseguran a tu descendencia un futuro lleno del Señor. En el relato bíblico se nos narra que Dios le pidió a David que no contara cuántos recursos tenía; sin embargo, David hizo lo que le pareció e ignoró las instrucciones del cielo. Cuando llevó a cabo el censo, el profeta le dijo a David que como había tomado una mala decisión tenía que elegir uno de tres castigos. David eligió tres días de peste, por lo que murieron setenta mil personas. Dios le dio a elegir entre tres consecuencias negativas porque era necesario que David aprendiera que cada decisión trae consecuencias.

Lamentablemente, todavía hoy día muchas veces aprendemos de la misma manera. Ya sabes... todavía somos un poco «cabeza hueca». Las decisiones que tomo en momentos de crisis, traerán más crisis. Si decido en medio de la crisis, mi cosecha será crisis. Si las decisiones son impulsivas, la cosecha será de impulsividad. Cuando decido en base a reacciones emocionales, cosecho más impulsividad. Cuando decides dentro de un marco de pecado, cosechas más pecado.

David debió haber estado en la guerra pues ese era el lugar del rey; sin embargo, decidió quedarse en su casa, lo que hacía que estuviera en pecado. Y fue precisamente durante ese tiempo que vio desde el balcón a una mujer bañándose y la mandó a buscar. Su decisión le cosechó más pecado, y cuando esta mujer quedó embarazada, David mandó a matar al marido... evidencia de que un pecado siempre trae otros a rastras. Cuando decides pecar, tu cosecha va a ser lo mismo que hagas... pero multiplicada. Tenemos doble autoridad: en el cielo y en la tierra Dios nos ha dado autoridad para funcionar en la tierra. Somos tierra, venimos de la tierra y Dios nos regaló la tierra para funcionar en ella con éxito.

Si ejercemos sabiduría, podemos actuar exitosamente, ya que es un don que Dios nos dio a todos. Y cuando digo «sabiduría» no me refiero a tener información. De lo que hablo es de saber vivir, es de aprender el «por qué» de las cosas. Es ir más allá del sentido común y descubrir cuál es la mejor manera de actuar. Y este tipo de sabiduría lo adquieres «echándole ganas» al deseo de aprender de Dios y de crecer en él. Para funcionar en la dimensión sobrenatural necesitamos revelación, que es una verdad que Dios revela y que impacta a nuestro espíritu. La revelación es una llave que mueve el mundo sobrenatural. Cuando David tomó una mala decisión, recibió una revelación divina a través del profeta enviado, porque hay momentos cuando la sabiduría humana ya no funciona y necesitamos movernos en el plano espiritual. El profeta le dijo que levantara un altar para Dios, en el mismo lugar donde iban a sacrificar a Isaac. Cuando David levantó el altar, cesó la mortandad.

Es importantísimo que antes de decidir, mientras decides y después de decidir, levantes un altar de comunión con Dios. Es la única manera de tener la garantía de una decisión sabia. Cuando David lo hizo, y le pidió a Dios que estuviera con él, entonces pudo tomar decisiones sabias. Lo mismo es cierto para ti y para mí. ¡Cancela tus malas decisiones construyendo un altar para Dios y pasando tiempo con Él! En aquel lugar, Dios canceló las consecuencias de las malas decisiones y, en aquel mismo lugar, Salomón edificó templo para Dios. ¿Puedes verlo? Cuando te animas a conectarte con Dios, Él promete que sus hijos serán bendecidos por mil generaciones. Pídele al Señor que gobierne tu casa, que rompa toda atadura de maldición y que escriba el nombre de tu familia en el Libro de la Vida. Entrégate a Él y empieza una nueva historia llena de promesas. Tú y tu herencia tendrán un futuro de bendición porque ese es el destino para aquellos que obedecen al Padre.

¡Para que estés bien! —Tu Entrenador Personal, Edwin Lemuel Ortiz